El Instituto Oftalmológico Vivar Badia celebra su 30 aniversario

30 aniversario Instituto Vivar Badía

El Instituto Oftalmológico Vivar Badia celebra su 30 aniversario

En abril del 1989 iniciamos un camino juntos, pacientes y terapeutas. En un pequeño despacho médico en la Calle Aribau, esquina Laforja, fue donde empezó todo, no muy lejos la Clínica Barraquer, nuestro referente en los primeros tiempos.

Ha sido éste un camino lleno de ilusión y de compromiso.

De ilusión, por el conocimiento, que venía de nuestros compañeros, de nuestros libros pero sobre todo de nuestros pacientes, de los que hemos aprendido la mayor parte de lo que sabemos. La lectura atenta en el libro de la naturaleza y su observación meticulosa ha sido y sigue siendo lo que nos permite avanzar día a día en la mejora de la asistencia médica y en los procedimientos terapéuticos.

De compromiso, con la gente, dedicándole a cada uno el tiempo que necesita, y aplicando una medicina de calidad, ofreciendo todo tipo de facilidades para que todo pudiera ser factible.

Hace 30 años muchas de las enfermedades que hoy tratamos con un porcentaje elevado de existo no tenían tratamiento alguno. Muchas de las técnicas quirúrgicas de hoy no se parecen en nada a las de hace 30 años, ni en su práctica ni en los resultados clínicos. En aquella época la mayoría de los grandes centros de oftalmología enfocaban su actividad en la incipiente cirugía refractiva que con sus luces y sus sombras venían a llenar un vacío, un anhelo generalizado de la sociedad.

Sin embargo nosotros enfocamos nuestros trabajos en la oftalmología clínica, en atender y dar soluciones a problemas corrientes con potencialidad grave de afectar la visión, y que la ciencia de entonces no prestaba excesivo interés. Aún hoy en día la progresión de la miopía hasta niveles patológicos, la degeneración macular de tipo seco, la neurópata óptica isquémica no arterítica, la pretrombosis retiniana, o el glaucoma avanzado con componente vascular, aun siendo relativamente frecuentes, siguen siendo desatendidos en muchos centros oftalmológicos y etiquetados como “sin tratamiento conocido”, cuando en nuestro medio se consigue normalizar o estabilizar estas patologías con potencial de graves secuelas visuales.

La clave del éxito está por un lado en el diagnóstico precoz y clínico, donde la información que nos llega del paciente es crítica para establecer los protocolos de tratamiento adecuados, y por otro en tener un amplio arsenal terapéutico que combina terapéutica convencional con terapia nutricional, terapia regenerativa y terapia visual funcional. Pero por encima de todo está la CONFIANZA, esa palabra clave motor de toda curación e imprescindible en toda relación médico-enfermo sana, y que no ha parado de fluir a lo largo de estos 30 años.

Por todo ello, GRACIAS.