Diferentes artículos han aparecido recientemente en la prensa no especializada sobre la falta de información de los riesgos asociados a una intervención de cirugía refractiva. Nos gustaría aportar algunas puntualizaciones al respecto.

 

Para nosotros esta situación no es ajena a un proceso social de banalización de procesos médicos comunes. Se nos ha hecho creer que la medicina moderna es segura en sí misma, y está todo controlado. Nos hemos olvidado de que un acto médico es, ante todo, un proceso biológico, y no un proceso físico, químico o matemático. Actuamos sobre la vida, sobre un ser vivo, sobre tejidos y células, y sobre una fisiología compleja que tiene reactividad, y que en ocasiones es impredecible. Para validar una técnica quirúrgica se realizan estudios para asegurar los resultados, pero estos nunca llegan a englobar la totalidad de las posibles variables de cualquier intervención sobre un ser vivo. Al final siempre algo escapa a la estadística. Los resultados estadísticos nos sirven solo para tener un valor matemático del grado de seguridad que ofrece una determinada técnica. Es tan solo una manera de intentar interpretar la realidad, de acercarnos a ella. Pero ese estudio de nada le sirve al paciente que ha tenido la complicación. La realidad de las cosas va mucho más allá de lo que nos puedan decir los números, pues estos nunca nos dirán quién es el que va a tener un problema de antemano. Lo importante en una técnica quirúrgica, sea la que sea, es la llamada “indicación quirúrgica”, es decir, la valoración favorable entre el riesgo y el beneficio de realizar el acto. Esta indicación es un proceso que surge de una relación médico/paciente bien integrada, donde cada uno asume su verdadero rol.

 

Concretando lo anterior sobre un modelo quirúrgico concreto, que es la llamada cirugía refractiva, y en especial la técnica de Lasik a la que se refieren los artículos, sin nombrarla, para la corrección de miopía, hipermetropía y astigmatismo; debemos decir que se trata de una técnica que elige y acepta el paciente, puesto que existen otras maneras no agresivas de compensar el problema como las gafas y las lentillas. Por lo tanto prima la necesidad de una correcta información, lo más completa y clara posible. La mayoría de los centros oftalmológicos que realizan este tipo de operaciones suelen tener un modelo específico del llamado “consentimiento informado “, documento que el paciente debe leer y pedir cuantas explicaciones sean necesarias, que suele estar elaborado en base a los artículos de la Ley 41/2002 del Estado y de la Ley 21/2000 en Cataluña, así como otros elementos del Colegios de Médicos y de la Sociedad Española de Cirugía Implanto –Refractiva.  Dicho documento, que debe firmar el paciente, es un requisito legal imprescindible donde se recoge la técnica que se va ha realizar, sus complicaciones descritas, quién es el cirujano y médico responsable, y que el paciente lo acepta libremente. Es responsabilidad del centro dar toda la información cuando el paciente se convierte en un candidato, pero también es responsabilidad del cirujano una buena selección del paciente, eliminando como candidato a aquellos que estén al límite de los valores de seguridad o aquellos que presenten pequeñas disfunciones que con el tiempo puedan ir a más. Hay que pensar más en el futuro que en el presente.

 

Estoy convencido de que la mayoría de los centros cumplen o intentan cumplir lo anteriormente comentado. Evidentemente, existen centros con una vocación más comercial que incurren en olvidar el principio hipocrático: “primum non nocere”, es decir, ser lo más mínimamente invasivo e intentar modificar la fisiología solo cuando es imprescindible. Pero es el paciente el que debe darse cuenta de que la sanidad y la medicina no se pueden comercializar, y debe huir por sentido común de los centros que realizan propaganda agresiva a precios bajos.

 

Por otro lado, es bueno tomar conciencia de lo anterior, y usar ese sentido común. No está bien generar alarma social o demonizar algunas técnicas quirúrgicas como pretenden algunos medios de comunicación, OCU y asociación de afectados. El problema no es el qué, sino el cómo se hacen las cosas. Decía el extinto Profesor Barraquer, gran maestro de talante conservador, que un cirujano que decía que no tenía  complicaciones o estaba retirado o no operaba. Toda cirugía, sea la que sea, está abierta a complicaciones. Lo que diferencia a un buen cirujano es cómo se resuelven las complicaciones una vez presentadas. Y cuanto más se practica una cirugía, mayor número de complicaciones totales se producen. La gravedad de las complicaciones son las secuelas que puedan producirse.

 

La técnica de Lasik tuvo un gran auge alrededor del cambio del milenio, y con el tiempo se han ido acotando los límites y márgenes de seguridad, para evitar problemas, y poco a poco está siendo reemplazado por técnicas que ofrecen mayor seguridad como, por ejemplo, el implante de ICL y otras. Es por ello que no se debe confundir la cirugía de Lasik con otras técnicas más avanzadas que en nuestro medio se practican con mucha mayor frecuencia.